Si tenemos que relacionar a Quasimodo, Michael Jackson, las señoras y señores que se operan la cara miles de veces, y a las personas cuadradas de gimnasio que creen no tener suficiente músculo, podríamos decir que todos ellos viven preocupados por algún “defecto” imaginado de su aspecto físico. La psicología clínica los definiría como casos de trastorno dismórfico corporal.

Son personas que constantemente se encuentran pensando en su o sus defectos físicos (orejas demasiado grandes,pechos demasiado pequeños, narices demasiado deformadas, músculos demasiado flácidos…). Podemos hablar de dismorfofobia muscular cuando hablamos de lo que la psicología popular llama “vigorexia”, personas obsesionadas con su masa muscular.

Estas preocupaciones por el aspecto físico les generan un gran malestar y en muchas ocasiones va acompañado de un deterioro en diferentes áreas de su vida. Por ejemplo, pueden tener problemas a nivel laboral (por acumular muchas faltas en el puesto de trabajo, por querer pasar horas y horas en el gimnasio luchando contra su “defecto”) o a nivel social (por no querer relacionarse con gente que pueda descubrir sus defectos, quedándose encerrado día tras día en su campanario).

También cabe la posibilidad de que la persona en cuestión presente alguna anomalía física, que eso que le obsesiona sea también percibido por los demás (como podríamos pensar que pasa con Quasimodo). ¿Consideraríamos entonces que presenta el trastorno si la persona tiene un “defecto” real? La respuesta es sí, siempre que aunque existan “anomalías” reales, la preocupación que muestra la persona es excesiva.

Para considerar que una persona presenta el trastorno dismórfico corporal, el manual DSM-5 ha incluido un criterio más, que lo relaciona con las compulsiones que podríamos observar en el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Y es que la persona haya realizado conductas repetitivas o actos mentales en respuesta a sus preocupaciones sobre el aspecto físico. Estas conductas pueden pasar desde acudir durante horas al gimnasio o mirarse continuamente en los espejos, hasta pasar repetidas veces por un quirófano para someterse a operaciones de cirugía estética.

Aunque el nombre del trastorno no nos suene tanto como el de otros más conocidos en la psicología popular (como ansiedad, depresión o esquizofrenia), no es un trastorno extraño, pudiendo encontrar una prevalencia de casi un 2% en la población (y llegando a casi un 2’5% en EEUU).

El trastorno suele comenzar sobre los 16 o 17 años (la mayoría de los casos antes de los 18 años), algo que tiene sentido si tenemos en cuenta la gran importancia que le damos a la imagen física durante la adolescencia, que hace que surjan este tipo de inseguridades con respecto al aspecto físico que puede llevarnos hasta la obsesión.

Como ocurre con muchos otros trastornos en psicología, este trastorno no suele aparecer solo, y no es raro que se acompañe de otros trastornos como la depresión, el TOC, fobia social, consumo de sustancias…

Los casos de trastorno dismórfico corporal pueden ser muy variados, y se han descrito otros trastornos relacionados que nos podrían parecer similares, como son;

  • Trastorno dismórfico corporal con defectos reales. En este trastorno, los defectos en la apariencia física del afectado son también percibidos por otras personas. El problema reside en que estos defectos producen un gran malestar en la persona y pueden afectar a su vida personal, laboral o social.
  • Trastorno dismórfico corporal sin comportamientos repetitivos. Sería equivalente al TOC en el que se producen obsesiones, pero no compulsiones. La persona está obsesionada con algo algún “defecto” de su aspecto físico, pero no lleva a cabo comportamientos repetitivos para acabar con sus obsesiones (como los vistos anteriormente).

El problema en todos estos casos es que el problema real no lo tienen con el físico, sino con su mente, por lo que hagan lo que hagan para combatir sus “anomalías” nunca van a quedar totalmente satisfechos con su aspecto físico. Siempre encontrarán el defecto por el que preocuparse. Por eso, el tratamiento para estos pacientes es conseguir un cambio en la imagen corporal (cómo se ven a sí mismos), no un cambio físico. Y como hemos visto en otras ocasiones, esto solo puede conseguirse a través de la psicoterapia.