Tras la llegada a las grandes pantallas de la nueva película de Todd Phillips, JOKER, con la admirable interpretación de Joaquin Phoenix como protagonista, se abren nuevos debates en torno a la Salud Mental y su representación en el cine. ¿Hasta qué punto muestra o no la realidad de las personas con trastorno mental un filme como este? y, ¿en qué medida perpetúa el estigma que existe aun en nuestra sociedad hacia las personas con enfermedades mentales?

El tema de la locura es sin duda un gran As bajo la manga para el mundo del cine, ya que sigue siendo algo desconocido para una gran parte de personas y un tema que despierta bastante interés. Si a la enfermedad mental le sumamos algo de violencia, nos encontramos ante un gran tópico del cine de terror, que sin duda nos hartaremos de ver en esta semana de Halloween en nuestras televisiones.

Si quieres leer más sobre otra película en la que la salud mental ha sido relacionada con la violencia, te recomiendo que visites el siguiente post: Múltiple: verdades y mentiras del Trastorno Múltiple de Personalidad.

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Por otra parte, hay que señalar que el cine, así como las novelas o las noticias que leemos en los periódicos, hacen que formemos nuestra propia imagen sobre este colectivo de personas. Nos resulta mucho más llamativa, por ejemplo, una noticia de una persona que ha asesinado a otra, cuando nos dicen que el asesino sufría una enfermedad mental, además de ser algo que usamos como “justificación” del delito, pensando que es ese trastorno el que le ha hecho actuar de esa manera y no otras características de la persona que podrían coincidir incluso con las de gente cercana a nosotros.

Todo esto hace que nos formemos una imagen estereotipada sobre lo que es una persona con enfermedad mental, viéndolas como personas peligrosos, que podrían perder el control en cualquier momento y acabar con la vida de quienes se le pusiesen por delante. Pero lo cierto es que la realidad no se corresponde para nada con ese estigma.

¿Qué enfermedad mental tiene Joker?

En la película podemos ver claramente que Arthur Fleck, el protagonista, tiene una enfermedad mental. Concretamente un trastorno neurológico (tal y como muestra en la tarjeta que enseña a los demás), que le hace emitir una risa incontrolada en situaciones en las que se encuentra tenso o nervioso. Pero este trastorno neurológico nada tiene que ver con el hecho de que tenga esos impulsos de matar a sangre fría a otras personas.

Además de la risa incontrolada, a pesar de ser el síntoma más llamativo del Arthur, a lo largo de la película vamos descubriendo que nuestro protagonista también sufre delirios, lo que podría significar que sufre además un trastorno psicótico, como la esquizofrenia. Y aunque sí que nos resulta algo más familiar el relacionar la esquizofrenia con la violencia o los asesinatos, tampoco es eso lo que causa el comportamiento que vemos en la película.

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¿Por qué se comporta Joker de forma tan violenta?

Aunque parece que lo que desencadena toda la serie de comportamientos violentos en Joker es el momento en el que le quitan la medicación, por la falta de fondos y el recorte en servicios sociales de la ciudad, lo cierto es que son otros muchos los motivos que llevan a nuestro protagonista a comportarse como vemos. El dejar de tomar una medicación lo único que podría causar es que aumentasen los ataques de risa incontrolada o los delirios, como podemos comprobar.

Sin embargo, tampoco podemos decir que este hecho no conduzca a la violencia, ya que el no tener acceso a un tratamiento hace que el contexto se vuelva más hostil para Joker o para cualquier persona con enfermedad mental. El sentir que no se controlan los síntomas por lo que se está sufriendo, las burlas recibidas del entorno, las palizas por ser alguien “raro” o “diferente”, el aislamiento por el miedo de los demás.

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Además de una enfermedad mental no tratada, Joker está sufriendo muchos otros golpes del contexto. Sufre una tremenda soledad, más aun cuando es despedido del trabajo de su vida, hacer reír a los demás trabajando como payaso. Se enfrenta a una situación de pobreza, como muchos otros vecinos de su ciudad, ante la impasividad de los políticos que la gobiernan y que no hacen más que favorecer que esas desigualdades aumenten. Hay una constante provocación social: mentiras de sus compañeros, burlas de otros ciudadanos, palizas físicas de diferentes grupos de personas…

Todo este contexto que rodea a Arthur, hace que nuestro protagonista vaya construyendo esa rabia hacia lo externo, hacia la sociedad y hacia todas esas personas que disfrutan de una vida acomodada, que le hacen perder la empatía hacia los demás, hace que desaparezcan sus sentimientos de culpa, que desarrolle un comportamiento malicioso o manipulador, que su afectividad se vuelva frívola y pierda el control sobre su propia conducta…que, al final, le acaban convirtiendo en un psicópata.

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Y es que, la motivación de los actos criminales no tiene una causa única, menos aun la de una enfermedad mental, sino que dependen de toda la historia del individuo que los lleva a cabo. Al igual que ocurre con cualquier otra conducta.