Empieza un nuevo año, y con él llegan todos los propósitos que nos hemos hecho para cambiar nuestra vida en este 2019. Son innumerables las listas que llegamos a hacernos sobre aquellos aspectos que queremos cambiar. Y en este mundo tan acelerado en el que vivimos, tan preocupados por el pasado y por el futuro, muchas veces no tenemos momentos para pensar en el presente.

Seguro que en alguna ocasión te has visto tan metido en una actividad, que te has sentido como si nada más en el mundo existiese. Una actividad con la que no has sido consciente del pasado, ni te has visto planificando el futuro, ni si quiera has pensado en ningún otro lugar. Has estado tan metido en tu tarea que sentiste que el tiempo fluía de manera diferente. Estuviste completamente presente en ese momento, viviéndolo al 100%, y te sentiste feliz por ello. De esto, precisamente, es de lo que habla el Mindfulness.

El Mindfulness es una técnica basada en los conocimientos del budismo, que nos enseña a vivir el presente de manera consciente. Durante cientos y cientos de años, los monjes budistas fueron perfeccionando las técnicas que les permitían vivir el presente y acabar con su sufrimiento persona. Y todo hasta que un médico, John Kabat-Zinn, decidió aplicar todos esos conocimientos en uno de los contextos donde más sufrimiento veía, los hospitales.

De las miles de definiciones que podemos encontrar de Mindfulness, “conciencia de la experiencia presente con aceptación” es la que creemos que mejor explica en qué consiste esta disciplina. Para comprender mejor en qué consiste, veamos cada una de las partes de esta definición por separado.

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Para empezar, nos enseña a ser conscientes de lo que hacemos, porque aunque no lo creas, no siempre lo somos. ¿Tú lo eres? Seguro que en más de una ocasión  has ido conduciendo pensando en tus cosas y te has saltado la salida que querías coger. O cocinando has acabado cortándote por estar pensando en todo lo que te quedaba por hacer ese día.

Tampoco estamos siempre presentes en los momentos que vivimos. Si estamos en el trabajo, estamos pensando en dónde iremos en vacaciones. Si estamos de vacaciones, pensando en la montaña de trabajo que nos espera a la vuelta. Siempre tenemos la cabeza en el pasado o en el futuro y eso hace que nos perdamos el presente.

Y no ser conscientes ni estar presentes, nos lleva al tercer punto de la definición, la aceptación. Porque dejar que nuestra mente divague de esta manera nos lleva a estar pensando en lo que nos duele, en lo que nos disgusta, lo que nos gustaría que pasase o que hubiese pasado…

Pero tomar conciencia y estar presente no significa olvidar los problemas. Debemos aceptar que estos existen y dedicarles el tiempo justo y necesario para remediarlos, aceptando que hay cosas que no podemos controlar. El Mindfulness ayuda a detectar los pensamientos negativos, a modular y aceptar nuestras emociones (tanto las buenas como las malas) y, sobre todo, a experimentar al 100% los momentos buenos de nuestra vida.

La práctica del Mindfulness que puedes empezar a practicar hoy mismo, se inicia con el aprendizaje de retomar el presente y la atención. Debemos intentar dirigir nuestra atención al momento presente, evitando que la mente divague. Lo más normal será que al principio tu atención se vaya hacia un lugar u otro, distrayéndose. Si es así, no te fustigues, solo acepta. Acepta que tu atención ha fluctuado y, con tranquilidad, vuelve a llevarla al momento presente.

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Te propongo como ejercicio que, cada día, te sientes en frente de una vela y dirijas tu atención hacia la llama durante un minuto, el siguiente día durante dos minutos…y así hasta que consigas mantener tu atención en el momento presente, en la llama de la vela, durante 10 minutos. Practica cada día. Y cuando lo domines, practica prestando atención a otro tipo de estímulos: un sonido, música, una imagen, tu respiración, tu cuerpo…

Y en el caso de que te sea totalmente imposible sacar esos 10 minutos al día para practicar, no te preocupes. También puedes hacer una práctica menos formal, aprovechando las tareas que haces todos los días, como lavarte lo dientes, para educar a tu atención. Aprovecha ese momento para intentar ser totalmente consciente de lo que haces y sientes: los movimientos que haces, la textura del cepillo, el sabor de la crema de dientes… redirigiendo tu atención cada vez que intente irse a otros momentos y lugares.

Educa a tu mente como si educases a un niño. Con paciencia y de forma amable. Sin frustrarte cuando tu atención se dirija hacia el pasado o el futuro. Simplemente hazla volver. Aprende a estar presente y a disfrutar cada momento de tu vida de la forma más consciente y presente posible.

 

¿Qué mejor propósito para este 2019 que vivir el año al 100%?