Mutismo selectivo y La Sirenita

En otra entrada de este mismo blog usamos la figura de La Sirenita, Ariel, para explicar las diferencias existentes entre el Síndrome de Diógenes y el Trastorno de Acumulación. Hoy, nos volveremos a servir de ella para hablar de un trastorno que afecta principalmente a la infancia, el mutismo selectivo.

El mutismo selectivo es un trastorno que afecta a la comunicación verbal. La primera vez que se definió, se trató como una afasia voluntaria, es decir, como una incapacidad para comunicarse de forma verbal pero no debido a un daño estructural o funcional a nivel cerebral, como ocurría en otras afasias. Sin embargo, esas denominaciones de “afasia voluntaria” o “mutismo electivo” (como se llamó también posteriormente), se modificaron para quitarle al nombre esa connotación de voluntariedad, ya que si alguien sufría este trastorno, no es precisamente porque quiera.

La principal característica de este trastorno es la incapacidad persistente de la persona que lo sufre (normalmente en edad infantil) de hablar en situaciones sociales en las que se espera que hable, como puede ser en el colegio, a pesar de sí poder hacerlo en otras situaciones (como por ejemplo en casa con sus padres).

Esta incapacidad para hablar no se debe a una falta de conocimiento o de fluidez en el lenguaje. Al igual que la Sirenita cuando cambia su voz por unas piernas para andar, los niños que sufren este trastorno conocen el lenguaje, pero son incapaces de utilizarlo en determinados contextos. Al igual que Ariel, que puede comunicarse verbalmente cuando tiene cola de sirena pero no cuando tiene piernas, los niños y niñas que sufren este trastorno pueden hablar en unas situaciones aunque no puedan hacerlo en otras. Pero no es elección de los niños el dejar de hablar en esas situaciones.

Es común que las niñas y niños que sufren este trastorno intenten comunicarse en esos contextos en los que no lo pueden hacer verbalmente a través de gestos u otras formas de comunicación no verbal. Y no es raro que de un momento a otro muestren comunicación oral espontánea con algún compañero de su edad en el contexto en el que no logran comunicarse.

El mutismo selectivo es un trastorno que puede confundirse con una gran timidez, ya que el niño puede hablar en otras situaciones y contextos de su vida y se cree que no habla en otras situaciones porque siente vergüenza. Al igual que el príncipe Eric cree que Ariel no le habla al principio por ser una chica tímida (en lugar de pensar que es muda, porque está convencido de que la escuchó cantar cuando le salvó del naufragio de su barco).

Realmente, lo que explica el trastorno de mutismo selectivo no es la timidez, sino una gran ansiedad. De hecho, en diferentes manuales diagnósticos (como el DSM-5) está recogido como un trastorno de ansiedad. Es por esto por lo que es común que el mutismo vaya acompañado de otros síntomas de ansiedad y retraimiento social.

El tratamiento para este trastorno es el mismo que suele usarse para otros trastornos de ansiedad similares, como puede ser la exposición, el moldeamiento, el reforzamiento… pero una técnica muy curiosa y exclusiva para el tratamiento del mutismo selectivo es el Automodelado Gradual Filmado y Trucado (AGFT).

El tratamiento por AGFT consiste en grabar al niño interactuando mediante el habla con sus padres (o en cualquier contexto donde sí que muestre conducta verbal) para después editar el vídeo de forma que parezca que está hablando con su maestro o con sus compañeros de clase (o con cualquier persona de uno de los contextos donde no habla). Primeramente se le muestra el vídeo al niño y gradualmente lo ve con más personas, incluidas aquellas con las que no es capaz de hablar. Este visionado va acompañado de un gran reforzamiento social, lo que permite que el niño se vea realizando una conducta de la que se ve incapaz y además recibiendo felicitaciones y refuerzos por haberlo logrado.

A pesar de ser una técnica muy curiosa y muy potente, es posible usarla únicamente con niños muy pequeños (entre 3 y 6 años, aproximandamente), ya que sus habilidades cognitivas aún no les permiten distinguir que el video que están visionando se encuentra trucado.

Para casos niños y niñas más mayores con este trastorno pueden usarse otras técnicas como el entrenamiento en habilidades sociales o el teatro, una técnica también con bastante potencia, ya que permites al niño decir palabras que realmente no son suyas, sino de un personaje, y puede desaparecer la ansiedad por ser juzgado. Es posible además que el mutismo selectivo curse con alteraciones del habla, por lo que sería muy interesante combinar la terapia psicológica también con el trabajo de un logopeda profesional.

9 comentarios sobre “Mutismo selectivo y La Sirenita

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